Yo pude ver con toda claridad que estaría, en lo que se podría llamar, pleno territorio del enemigo. Es verdad que el capellán iba a estar allí en ese funeral, un buen hombre y firme en su fe cristiana. A él se le pidió que diera una nota biográfica del fallecido y el panegírico. Bueno, él hizo todo en forma totalmente correcta y debida. Mencionó las diferentes medallas que el occiso había recibido, y vale decir, que era un hombre sumamente valiente, un hombre que merecía cada una de las condecoraciones que había recibido durante la Segunda Guerra Mundial. Pero, entonces me levantó yo, y presenté el evangelio, el evangelio que declara que los hombres no pueden ser salvos por cosa alguna que hagan, sino sólo por medio de algo que Dios ya ha hecho, y que Dios sólo solicita a que acudamos a la cruz; que Él no le está pidiendo al mundo que haga cosa alguna; sólo le está haciendo una pregunta al mundo, y es: “¿Qué harás con mi Hijo que murió por ti?” Y ésa es, la pregunt...
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